miércoles, 11 de marzo de 2009

RECETA #1: METAVACACIONES AL PERU*



• 2000 km en auto desde Santiago (2 días)

• Multa de tráfico por falta de licencia: 100.000 CLP (III Región)

• 600 km de desierto (amanecer si es posible escuchando a Tinariwen)

• 1 reguero de animitas (rézales pa no quedarte sin bencina)

• 2 o 3 salitreras (preferiblemente escuchando a Quilapayún)

• Chequeo en Tacna (frontera política)

• 12 horas de autobús (compañía San Luis)

• El microcártel del Cusco (Doña Inés lleva el mando)

• 3 redadas policiales (una de ellas grabada en video)

• Desayuno en Puno: pollo frito + Kola Escocesa + mate de coca

• 8 horas de autobús por ceja de selva (2 choclos con queso)

• 2 noches en el Cusco

• 20 o 30 mercados artesanales aprox. (sólo si va con hembra)

• 1 menú del día: cuy al horno + chicha morada

• 1 brichero x noche (preguntar por marihuana o cualquier otra sustancia)

• Europcar (Toyota Hilux: 80$ día)

• Nevado Verónica (5.682 msnm)

• 7 horas de pista de tierra

• Santa Teresa (1 noche)

• 1 café en la hidroeléctrica (6 am)

• 20 minutos de tren

• Subida a Machupichu (1 hora andando. Humedad: 90%)

• 4 horas de ruinas (extra: bebé llama vs. cóndor hambriento)

• 1 noche en Aguas Calientes

• 2 horas a pie por vía férrea con lluvia (Aguas Calientes - Santa Teresa)

• 2 horas de termas (preferiblemente al atardecer)

• 1 vuelta de vértigo: noche + lluvia + niebla + 5.682 msnm

• 1 noche en Urubamba (preferiblemente en barracón)

• 20 horas de carretera (compañía Cruz del Sur: bingo incluído)

• 1 noche en Arica (marihuana + Tecate)

• 2 noches en Iquique (camping con piscina)

• 1400 km en auto (1 día)

• Aduana fiscal (sin resguardo compulsado!!)

• 1 noche en Quilimarí

• 2 platos de porotos verdes (con Ají de Color)

• 400 km en auto a Santiago (4 horas)


*Los ingredientes son voluntarios.
*Los tiempos de cocción son aproximativos.

martes, 27 de enero de 2009

RETROVISOR PORTEÑO

Tu piel de pileta, bañada de luna,
perla del Plata sobre la azotea.


Aquella noche, en la cubierta de un motel cochambre de la calle Paraguay, te sacaste el suéter y me dijiste, ven. Parecía un bolero pero más lumpen. Parecía una cumbia pero más cursi. Asistí sumiso al encuentro de tus tetas, tomé en mi mano aquellas dos paltas y te crucé el cuello a punta de lengua en carne viva. Dijiste, ay, al tiempo que levantabas la cola para posarla contra el muro del edificio. Dijiste, daale, cuando te mordí la cara y exprimí mi pecho contra el tuyo. De manera sabia, recordaste entonces una vieja lección de conducta: te subiste la pollera por encima del ombligo y retiraste a un lado la tanga... Tu mano llevo a la mía como quiso. Alcancé primero el dorso de tus muslos, los sentí fríos e incendiados al mismo tiempo, como el instante antes de que raye el sol por la mañana. Cuando llegué a tus labios y encontré una fragua palpitando adentro, entonces sentí, que ahí sí, amanecías radiante. Fue con mis yemas que busqué tus timbres más salvajes. Mi querido y frágil instrumento. Tu trino se volvió aullido cuando empecé a estrellarte, bien amarrado el culo, contra mi más dulce aguijón. Entonces me dijiste, cogeme, y lo dijiste únicamente con los ojos, como quien pide comida desde una jaula, roto ya el aliento en la demora. La pura sangre me atropelló por los talones y de una te hicé sobre mis caderas. Con una mano te tuve - churrasco encaramado -, con la otra, pelé el cuchillo. La noche se retorcía y la luna se derramó cuando embestí tu cuerpo como un oso.

Sonaba tu espalda contra el muro sin enfoscar,
como suena el fósforo que guarda en su frontal la llama.
Sonaban obscenas nuestras bocas,
de palabra y beso fácil,
de estertores Hi-Fi, serie XXX.
Sonábamos carne, hueso, piel, chof-chof,
máquina voraz obsesionada.
Hasta el deseo sonaba; sì,
hasta-el-deseo-sonaba.

Entonces, ocurrió algo...
El barrio, desvelado, se fue llenando de a poco de sombras, ojos, toses y figuras, conformando una turba inquietante a nuestro al rededor. Sin duda, era el pueblo quien se asomaba a nuestro incendio, y como tal, no tardó en reclamar su derecho a cernirse en forma coral sobre nosotros.
En los edificios colindantes prendieron algunas ventanas. Algunos vecinos simplemente miraban sorprendidos, otros sin embargo fueron más allá.

Maruja 1: (Obviamente, de rulos y batín) Delia!! Asomate. Mirá el gallinero que se ha formado donde el hotel.

Maruja 2: (También de rulos y camisón, se sacaba las legañas) Virgen Santa. Satanás. Salgan de ahí par de chanchos!!

Maruja 1: Eso. Si no tienen plata pa un telo, entonces ni se toquen. Anormales!!

Maruja 2: (Prendió una escoba y la blandió en el aire) Salgan de ahí o llamo a la policía!!

Marica 1: (En el balcón. Vestía remera de flores anudada en el ombligo y unas mayas de de tactel amarillas) Dele, llame ya, pelleja aburrida! Qué pasa vieja, que terminó su teleserie y no encuentra el tubo de clonazepam?

Maruja 2: Vos callate puto, que si fuera por mi marido, te iban a meter la picana por el culo.

Maruja 1: Delia, por Dios, no empecés con esa historia otra vez

Marica 1: Bruja, enana fachista!!

Marica 2: (Tarareaba una canción de George Michael mientras batía palmas de forma bastante cómica) Uuuu!! Nenitoooo, ese culito blanco vale fortuna en Pueyrredón. Dejá a esa pendeja y venite con mami, que yo sí sé volar.

Marica 1: Guacha, vos siempres estás igual. Dejalos que garchen tranquilos. No ves que hace una expléndida noche de verano?

Excombatiente de las Malvinas: (Apareció en silencio, observó el panorama y volvió a desaparecer)

Maruja 1: Delia, llamá a la policia que este escándalo no se puede consentir. No son horas, ni formas. Pues menuda juventud; estos son peores que los floguer del Abasto.

Cumbio: (Mientras nos sacaba fotos) Que sabrás vos mucama del infierno. Clikc! click!

Maruja 2: Ahora mismo. Ahora mismo llamo y van a ver estos chorros. (Volvió a blandir su escoba y desapareció)

Marica 1: Ándese a la concha de su madre!!

Excombatiente de las Malvinas: (Apareció de nuevo en silencio con una Browning 9mm en la mano y apuntó a los dos maricas)

Marica 2: (Levantó las manos. Los ojos se le empañaron de impotencia) Estás loco?! Asesino!!

Marica 1: (Tomó por el brazo a Marica 2 y corrió las cortinas) Vení acá mi cerbatilla, no te acongojés. Dejá que este país de mierda implosione por sí solo. Yo te hago cucharita pa que vos te olvides de todo..

Excombatiente de las Malvinas: (Al ver que las maricas se retiraron, nos apuntó a nosotros) Puta che, los voy a freir..

Este foro vecinal nos hacía gracia, la verdad, de hecho, hasta seguíamos dàndole, pero morir allá, en cueros, tan lejos de casa, no era lo que màs me apetecìa. Así que, como mejor pudimos, intentamos vestirnos y ponernos a salvo. Lo que pasó es que el ex-combatiente se había propuesto probar puntería vaciando todo el cargador y nos tenía en pelotas por la azotea, bailando como dos liebres jabonosas.
Uno de los tiros rebotó en un depósito de agua, cruzó la calle cual tero de plata y aterrizó en la rueda delantera del micro de la línea 153, que en ese momento hacía su ruta nocturna.

Colectivero 1: Araca! Reventó la goma (Dio un frenazo y estacionó el micro en un vado) Pero qué mierdas está pasando?

Colectivero 2: (Alarmado, estacionó detrás al toque) Maestro, mire allá arriba esos dos pendejos.

Colectivero 1: Hay que joderse..

Colectivero 2: (Mientras tocaba bocina) Che mamá, menea tu cola superpoderosa!!

Vieja: ( - Resulta que es la misma que me dio el castañazo -. Se Bajó indignada del micro y se ajustó los lentes) Ay virgencita, arrancame los ojos. Atorrantes!! Atorrantes!! Quién los crió!?

La vieja saltó a la calle y detuvo como pudo a un auto de policía. Uno de los agentes se paró impecable a atenderla. Entonces, tratando de explicarse entre balbuceos, la vieja rompió a llorar sobre su pecho de varón.

Vieja: No puedo más hijito. Yo pago mis impuestos. Pago mis servicios. No le debo nada a nadie. Pero con esto no puedo.

Agente 1: No se preocupe señora, aquí estoy yo para ayudarla.

Borracho: Aguante Boca!!

Agente 2: (Nos alumbraba con una linterna de largo alcance) Atención, les habla la policía!! Depositen sus armas en el piso y levanten las manos.

Cartonero 1: Perla del Plata!! Venite con papá a chupar a la bailanta!!

Florista: (Salió de su puesto ante tal alboroto. Su pekinés no paraba de ladrar. Al ver la estampa, romántico como él era, tomó un ramo de rosas y empezó a lanzárnoslas. En la radio sonaba un tema de La Mona. El florista subió al diez el volumen) Que viva el amor!! Ídolos!! Que viva la raza!!

Cartonero 2: Beso a beso, me enamore de ti..

Agente 1: Che viejo, dejá de tirar flores que mire como está dejando ese balcón, que parece un huerto.

Florista: Callaaate flor de navo.

Del balcón del segundo piso de nuestro edificio, salió una viuda despeinada y bostezando.

Viuda: Qué quilombo es este.

El florista en una de esas, va y le clava una rosa en el pelo a modo de pica. La risa fue un estallido. Ni el agente impecable pudo contenerse. La vieja lloraba)

Viuda: Pero Don Claudio, qué descaro.

Forista: Que viva el amor señora Almada!!

Agente 2: Repito. Depositen las armas en el piso y pongan las manos sobre la cabeza!!

Ex-combatiente de las Malvinas: (Al ver la ineficacia del agente, volvió a apuntarnos, esta vez con un rifle de repetición. Disparó y por suerte falló de nuevo. Refunfuñando) Conchae su madre, esto en la guerra no pasaba.

Los agentes le pidieron al caballero que por favor se calmara y les dejara a ellos realizar su trabajo. El ex-combatiente de las Malvinas se largó a gritar a los agentes, los acusó de zonzos, de traidores a la patria, acusó a la patria de olvidar a sus hijos, se cagó cien veces en el señor K, amenazó con pegarse un tiro...
Tal era el clamor, que hasta los muertos despertaron aquella noche. Entonces, de la nada y flotando, apareció volando el Zorzal y así canturreaba:

...vivimos revolcaos en un merengue
y en el mismo lodo todos manoseaos.


El resto fue de esperar: El vigilante del cementerio de Chacarita, que venía muchas cuadras corriendo tras Don Carlos, sufrió un infarto. Llegó la ambulancia. Llegaron más agentes. Llegó el hijo del vigilante, un patovica de un club de Puerto Madero, que ante la muerte de su padre, se llenó de rabia y quiso subir a rematar al Zorzal. Los agentes se lo impidieron, obvio, alegando que era patrimonio histórico de la ciudad, y entonces fui yo el segundo blanco de su ira, y juró que me seguiría hasta España para matarme y hacerme trocitos, que luego vendería a los chinos de la Gran Vía. Y a ti, Perla del Plata, te juró cosas tan feas que no quiero ni recordarlas.

Cuando varios agentes más subían hasta la azotea para detenernos y llevarnos presos al fin del mundo, apareció a lo lejos el helicóptero de Crónica TV. Entonces me acordé del episodio del Malevo Ferreyra y la ubicuidad de la que esta gente hacía gala. Cuando la periodista me lanzó el micrófono y me preguntó qué era lo que estaba ocurriendo, le respondí - pensando en un buen titular -: Es sólo una noche de sexo.
Después, me cayó una trompada por la espalda - no sé si tuya, nenita, o de algún jodido agente -, pero perdí el sentido y me desplomé, las palmas tiesas aún con la forma de tus tetas y los calzones resbalándome hasta los tobillos.

martes, 6 de enero de 2009

COMPRIMIDO PORTEÑO*

Se tintan las lunas de oscuro resabio,
se vive el aguante tan vivo en la sangre,
se pide permiso pa entrar de primeras,
se toman los parques sin edad concreta,
se pide comida será por costumbre,
se garcha en el telo, consenso de todos,
se muere en la cancha y es de ley cantarlo,
se toma la copa de fernet con coca,
se escucha la cumbia de los negros chorros,
se viaja en el subte, en el taxi, en el bondi,
se jala la merca en pala y por pases,
se apaña la vida sin pedir permiso,
se le quiere al barrio porque significa,
se devora carne y es común "asarla",
se garca al descuido por donde no abunda,
se luquea el cheto si sale de joda,
se contagia el miedo y por ahí se nota,
se comen facturas de grasa y manteca,
se chamulla tanto que la fe se vende,
se adora al Pelusa con punto y aparte,
se justifica el mate en cualquier momento,
se vive en la crisis pagando recibo,
se cruza a lo loco por ritmo y descaro,
se evita el Once por regla a diario,
se jura posta buscando el acuerdo,
se grita la concha de tu puta madre...

Me comió la fiaca sin saber por dónde.


*Dosis en adultos: Una lectura cada ocho horas / Dosis en niños: No recomendada

viernes, 12 de diciembre de 2008

Elogio de las esquinas:

En la librería Prometeo (Honduras y Gurruchaga) encontré un pequeño libro que lo ilustra de manera más bien sencilla; en tan sólo 24 fotos, tomadas a una por hora desde un punto fijo, se observa como la ciudad se va llenando como un cauce por un día, para morir en cauce seco por la noche: una lengua de autos, señores y señoras, monos, culebras y guepardos, que literalmente barre la vereda, sin piedad con la pausa pero con mucho ritmo.

Ahora bien, si tenemos en cuenta que la secuencia está tomada en la intersección entre dos calles, a duras penas podremos hacernos a la idea de una panavisión que contenga todos los cruces de la ciudad. Si el hecho reducido a un punto semeja un cauce, multiplicando el resto de puntos, obtenemos una plaga oceánica crepitante. Si la vista es aérea, - tal cual fue tomada la secuencia -, podría parecer que se trata de un hormiguero. Pero si el hecho se convierte en experiencia, a pie de calle, en calidad de forastero, entonces lo que pasa es que uno se encuentra de repente absorbido por una inundación, que lo arrastra sin más, a puntos insospechados.

Buenos Aires te anega, pero no me rendí a la primera. Paré este cuerpo a mitad de calzada y blandiendo en la mano mi carnet de urbanita a modo de emblema - yo soy como ustedes!! -, grité; por poco me afeita un auto las gambas, además de regalarme un bonito himno. - Hijo de mil putas, plantá la banderita en la concha de tu madre!! -. Turbado, busqué respuesta en la ternura materna, detuve a una vieja, ni lo pensé. Agarré su brazo y le increpé suplicante - yo soy como ustedes -. Creo que da igual la frase que en ese momento emitas, la reacción es propia del manual geriátrico de autodefensa:

1º Si un desconocido le da el alto en la vía pública, apriete el bolso contra su axila, es probable que quieran robarle.
2º Asegúrese de que no es un familiar quien se dirige a usted, ni un agente, ni un cura.
3º Grite con fuerza para que le oigan.

- Atorrante, esto es atorrante!! -, me bufó la bestia, mientras me plantaba un castañazo en todo el melón. Y en realidad pienso que razón no le faltaba, vivimos en y por la neura, pero aquella vez yo era sólo una víctima pidiendo clemencia y sintonía.

Como una flor de plácton deambulé embebido por Scalabrini Ortiz; aún recuerdo la incógnita: Qué medirá más, Paraguay o su calle homónima (en este continente uno aprende a desconfiar de las obviedades)
Deben ser los primeros síntomas del naúfrago, pero todo comenzó a parecerme indiferente. Masa, materia, bloque intransitable. Quería llegar a casa y sestear. El calor era un grito, el sudor un llanto, la orientación un espejismo.
Le recé a mi patrón, en bajito, con la fe de los pájaros, a ver si él era capaz de sacarme del desierto: San Arrojao de Bruces, tú que supiste jugarte el tipo y sacar tajada en cada mano, ayuda a éste tu joven acólito. Pide al señor que dome a mi musa y me afile el ojo. Socorre a los que aspiramos. Salud.

El tráfico se abrió entonces a mis pies como las aguas en aquel cuento. En diagonal, en una esquina, brillaba sugerente un luminoso de taberna. Debajo, San Arrojao, me guiñaba el ojo y me llamaba sólo con el dedo. Era bien de día, pero debe ser que los milagros se alumbran a parte. Varela Varelita decía el cartel. Sentí la tentación y volé cruzando la calle. Cuando giré por cauto la cara hacia los coches - hay que entender que mi fe aun era parvularia -, me pareció ver a aquel que un rato antes me había regalado una linda tonada después de casi fracturarme. Le sonreí orejudo y le regalé por gesto el índice y el meñique. Él me tiró un beso. Ya soy uno más, pensé aliviado.

Entré al bar como se entra a un templo: las lentes limpias, la entraña iluminada. Me senté junto a la ventana. Pedí cerveza y sandwichito de lomo: Con mayonesa señor? Y con amor -, le dije al camarero. El primer trago me supo a gloria y escupí el resto al suelo dando gracias a mi santo. - Echamos unas cartas -, preguntó. - No, gracias. No me siento muy siniestro -. Dicho lo cual, él cogió la prensa y yo me puse bien bohemio a mirar pasar la vida frente a mis ojos como la brisa peina los campos de trigo en otoño... (miento). Mejor decir que empecé a recrearme, desde la paz más puerca, con cada atributo femenino que por mi vista cruzaba: eso es caminar y lo demás joder el suelo..
Tan lleno de gracia estaba; no pude por menos que garabatear un ripio sobre una servilleta. Lo titulé, "Milanga Sentimental":

Varela Varelita
chaflán de media vuelta,
tan gris salmón
y enjuto paladar,
tres cuartos y lomito,
bombilla tuerta,
me asalto en cada mina
que veo pasar.

martes, 2 de diciembre de 2008

Querido Jose Alfredo,

La cita era a las 14h y el reloj marcaba ya las 13 y 15h. Me lavé la cara, depuse - bien tierno -, y rebusqué la dirección en mi libreta: Hotel Lion, calle Riobamba. Me lancé a buscar Corrientes - siendo una arteria, en algún punto cruzaría mi destino - pensé. Pregunté: a diez cuadras. Maldita sea esta medida de la cual no pillo el patrón! Caminé, bajo un sol de chicle que empezó a lamerme. Buenos Aires..

A mitad de la avenida, recién pasado Callao, comencé a darme cuenta de dónde estaba. Mi herramienta - dos piernas - resultaba útil, pero tremendamente lenta. Malos aires, sol, sed y Riobamba un mito en la memoria. Confundí un par de veces el nombre de la calle y creí estar en Nokia con Corrientes! Caí del guindo y apuré mi primer trago de financiación privada. Cuando por fin llegué al hotel, los músicos me esperaban hacía más de media hora..

Comimos en Chiquilín gran bife de lomo jugoso y enamoráme por la panza hasta el día de hoy de este país. Tengo que hacer especial mención al camarero que nos atendió: trato impecable, al menos un chamullo bien hilado y un pelo graso que le peinaba el cráneo alineado en cuatro mechones; Bono, creo se llamaba; aun conservo su tarjeta, además de una banderita argentina que robé, la cual coronaba mi filete a modo de emblema satelital.

El Metropólitan, como dicen los entendidos, es una conquista menor. El Rex ya son mayúsculas. Pero aquella tarde había ganas de sellar la contramarca, aunque en vez de vaca fuera un ternero de batalla el que montábamos (será el hidrato quien me dio este humor). Del camerino a las tablas, prueba de sonido, buffete de frutilla y jamón crudo, nervios, tensión de última hora, corrillo, un grito al aire y a torear.
Me quedé entre bambalinas, al menos el primer tema. La banda armó los primeros acordes y Ella arrastró los pasos como se arrastra un dedo por un filo de Bohemia. Todo era frágil sobre el escenario, yo tiritaba a la sombra, hasta sentí el vientre patinar.. Con el primer fragor de aplausos aterricé (segundo vuelo en un mismo día) Decidí entonces abutacarme como uno más y, ya sí, disfrutar a pleno del recital.

A mi izquierda se sentó el manager: un ojo en el show, el otro, ufano de si, celebrando el triunfo de antemano, en vista del interés mostrado por los capos de Warner, que a su vez no paraban de hacerle señas sin apenas girar el cuello.
El espectáculo avanzaba engranando con acierto cada pieza. No recuerdo en que momento, la banda tocó tierra y germinó un diálogo con el público, que ya no paró hasta los bises. Hubo picos de alta tensión con las Carnes Paralelas y el Asesino. De a poco nos abrazamos el manager y yo, aunque no sé si por machos o por mantener los roles, nos contuvimos en el último momento y supimos estallar en silencio: pelo de clavo, pero ante todo cordialidad.
A insistir del público, remató la banda por segunda vez, ahora al borde de escenario y a capella, llevándose el Nostalgias de bulerías y a hombros. Puerta grande, saludo y titular a este respecto - como no - en las reseñas del día siguiente.

El bombeo se fue apagando en la sala, el rumor sonaba a trino al alejarse, las palmaditas correspondientes en la espalda llegaron a quien corresponde, presentaciones rápidas a pie de escalera, promesas de fechas que se cierran de a un año sin ningún reparo, llámame sin falta.. Aguanté dos minutos de protocolo, soy un salvaje - lo sé -, me zambullí de un salto en el baúl de la coplera, di dos palmas y al toque cuatro mozos de purpúreas cabelleras me bajaron hasta el backstage. Allí sí había bombeo, copeo, mamoneo y peores cosas que contar, allí me uní al ritual de saltar en calzones junto a los músicos, agitando las feromonas para las gatas que se apiñaban afuera afilando sus uñas de Cacharel, allí disparé contra los ángeles de las esquinas del techo y le recé a Petronio buenaventura en mi cháchara, allí conocí a Brahma, a Stela Artois, a Quisy, de todas robé un suspiro por mi elegancia, allí pude haber conocido a la mujer de mis sueños, a la madre de mis hijos, pero una vez más me entretuvo el picoteo y olvidé pedir la vez.

La noche acabó en un hall donde servían tragos de vodkatonic. Los diurnos pidieron taxis, despedí a los más queridos. Los peores nos quedamos por si algo peor estaba por llegar. Miguel y yo cerramos. Al llegar a su hotel, intenté colarme desapercibido, pero el borracho siempre arrastra su sombra aunque se sienta la mitad de su esqueleto, y el encargado me dio el alto. Resolví el trámite rellenando una ficha de ingreso por una noche con datos falsos, en un ataque de lucidez de esos, también, tan de borracho. No sé quién pagó la cuenta aunque lo supongo - pido disculpas públicas por este esguince -

Amaneció rapidísimo. Bajamos desencajados. Nos estaban esperando. Complicidad entredientes. Conmiseración? Despedí a mi banda, despedí al manager, se iban todos a Chile, y me quedé de nuevo sólo. Congreso rugía - supongo - con su habitual digestión diaria y yo para hilar costumbre pedí un taxi hasta mi casa: A dónde señor? A Palermo Vechio..

lunes, 1 de diciembre de 2008

Querido Jose Alfredo,

Aun turbado por tus tragos, me subí al avión, la ginebra al biés quemando, y enfilé el sueño, tal que un vuelo, con suma turbulencia.
Cuando desperté anunciaron una hora para la llegada. Roí con gusto la bandeja con café y mollete que a saber cuánto tiempo llevaba ahí puesta sobre mis rodillas y volví a caer en un letargo, esta vez último rincón, donde se juntan la modorra y el sudorcillo.

Al desembarcar hice mi cola de rigor en la aduana. La atmósfera, pálida, lamía el rostro de los allí reunidos. No sé si me dijeron hola, cuando legalmente entraba en el país o el agente me espetó un bostezo que murió estampado en mi pasaporte: Turista. noventa días.
Tras el umbral fui deglutido literalmente por el ritmo de una masa que no cabía en su matinalidad: Taxi señor! Noventa y ocho pesos: a ver.., si lo divido entre cuatro.., venga dale. A dónde señor? A Palermo Vechio..

Lo que media entre A y B: un circuito de pilotos, una masa de villas que hacen de cinto y ajustan el polibloque, un atasco inabarcable, cruza un claxón, lo miro, Boedo, tarareo el Tango y me acurruco, estamos a diez cuadras señor, parece poco, me confío, aun quedaban cuarenta minutos.

Acuña de Figueroa con Soler. Una puerta estrecha de una casa chata en una calle, ya sí, tranquila! Mi sorpresa al entrar, mayúscula, un conjunto de mariachis me daba la bienvenida: Que la suerte te acompañe en tu llegada, que la pena no se de en tu despedida.. Planto el bártulo, saludo al perro y alguien me ofrece un trago helado; es una dama, mediana edad, pelo-plasto, mechón-cana, pequeñas lentes y un brillo breve de ojos? Recapitulo. Será la prima? Reviso el número de vuelo en mi tarjeta de embarque, parece que sí, había llegado a Buenos Aires. Y esta era tu casa!

El arte de desintonizar: cuando entre dos frecuencias uno sueña redimirse en la interferencia, lo mejor es comenzar un baile, sencillo, un vaivén por el dial, cada vez más suave, oscilando entre atenciones y despistes, hasta alcanzar un margen de equilibrio, breve como un punto, donde una linea se abre y entonces nos fugamos. Si no, siempre puede apelarse a la derrota del viaje o a una simple ducha para dar al traste con todas las objeciones. Así que me fui al baño..

Cuando desperté, ya no había nadie, sólo Leopoldo, el perro, que me dijo: cambia la hora.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Agape:

Chavalada: un poco corto el post, todo ok por acá, por fin tengo internet en casa, mañana me voy a Montevideo, de ahí a Cabo Polonio, regreso en cuatro días, espero contaros todo todo todo en breve en imagen y palabra, os quiero un güebo, cuidaos que yo me cuido y ando felizmente fugao por tierra extraña, besos, besos, besos...