martes, 2 de diciembre de 2008

Querido Jose Alfredo,

La cita era a las 14h y el reloj marcaba ya las 13 y 15h. Me lavé la cara, depuse - bien tierno -, y rebusqué la dirección en mi libreta: Hotel Lion, calle Riobamba. Me lancé a buscar Corrientes - siendo una arteria, en algún punto cruzaría mi destino - pensé. Pregunté: a diez cuadras. Maldita sea esta medida de la cual no pillo el patrón! Caminé, bajo un sol de chicle que empezó a lamerme. Buenos Aires..

A mitad de la avenida, recién pasado Callao, comencé a darme cuenta de dónde estaba. Mi herramienta - dos piernas - resultaba útil, pero tremendamente lenta. Malos aires, sol, sed y Riobamba un mito en la memoria. Confundí un par de veces el nombre de la calle y creí estar en Nokia con Corrientes! Caí del guindo y apuré mi primer trago de financiación privada. Cuando por fin llegué al hotel, los músicos me esperaban hacía más de media hora..

Comimos en Chiquilín gran bife de lomo jugoso y enamoráme por la panza hasta el día de hoy de este país. Tengo que hacer especial mención al camarero que nos atendió: trato impecable, al menos un chamullo bien hilado y un pelo graso que le peinaba el cráneo alineado en cuatro mechones; Bono, creo se llamaba; aun conservo su tarjeta, además de una banderita argentina que robé, la cual coronaba mi filete a modo de emblema satelital.

El Metropólitan, como dicen los entendidos, es una conquista menor. El Rex ya son mayúsculas. Pero aquella tarde había ganas de sellar la contramarca, aunque en vez de vaca fuera un ternero de batalla el que montábamos (será el hidrato quien me dio este humor). Del camerino a las tablas, prueba de sonido, buffete de frutilla y jamón crudo, nervios, tensión de última hora, corrillo, un grito al aire y a torear.
Me quedé entre bambalinas, al menos el primer tema. La banda armó los primeros acordes y Ella arrastró los pasos como se arrastra un dedo por un filo de Bohemia. Todo era frágil sobre el escenario, yo tiritaba a la sombra, hasta sentí el vientre patinar.. Con el primer fragor de aplausos aterricé (segundo vuelo en un mismo día) Decidí entonces abutacarme como uno más y, ya sí, disfrutar a pleno del recital.

A mi izquierda se sentó el manager: un ojo en el show, el otro, ufano de si, celebrando el triunfo de antemano, en vista del interés mostrado por los capos de Warner, que a su vez no paraban de hacerle señas sin apenas girar el cuello.
El espectáculo avanzaba engranando con acierto cada pieza. No recuerdo en que momento, la banda tocó tierra y germinó un diálogo con el público, que ya no paró hasta los bises. Hubo picos de alta tensión con las Carnes Paralelas y el Asesino. De a poco nos abrazamos el manager y yo, aunque no sé si por machos o por mantener los roles, nos contuvimos en el último momento y supimos estallar en silencio: pelo de clavo, pero ante todo cordialidad.
A insistir del público, remató la banda por segunda vez, ahora al borde de escenario y a capella, llevándose el Nostalgias de bulerías y a hombros. Puerta grande, saludo y titular a este respecto - como no - en las reseñas del día siguiente.

El bombeo se fue apagando en la sala, el rumor sonaba a trino al alejarse, las palmaditas correspondientes en la espalda llegaron a quien corresponde, presentaciones rápidas a pie de escalera, promesas de fechas que se cierran de a un año sin ningún reparo, llámame sin falta.. Aguanté dos minutos de protocolo, soy un salvaje - lo sé -, me zambullí de un salto en el baúl de la coplera, di dos palmas y al toque cuatro mozos de purpúreas cabelleras me bajaron hasta el backstage. Allí sí había bombeo, copeo, mamoneo y peores cosas que contar, allí me uní al ritual de saltar en calzones junto a los músicos, agitando las feromonas para las gatas que se apiñaban afuera afilando sus uñas de Cacharel, allí disparé contra los ángeles de las esquinas del techo y le recé a Petronio buenaventura en mi cháchara, allí conocí a Brahma, a Stela Artois, a Quisy, de todas robé un suspiro por mi elegancia, allí pude haber conocido a la mujer de mis sueños, a la madre de mis hijos, pero una vez más me entretuvo el picoteo y olvidé pedir la vez.

La noche acabó en un hall donde servían tragos de vodkatonic. Los diurnos pidieron taxis, despedí a los más queridos. Los peores nos quedamos por si algo peor estaba por llegar. Miguel y yo cerramos. Al llegar a su hotel, intenté colarme desapercibido, pero el borracho siempre arrastra su sombra aunque se sienta la mitad de su esqueleto, y el encargado me dio el alto. Resolví el trámite rellenando una ficha de ingreso por una noche con datos falsos, en un ataque de lucidez de esos, también, tan de borracho. No sé quién pagó la cuenta aunque lo supongo - pido disculpas públicas por este esguince -

Amaneció rapidísimo. Bajamos desencajados. Nos estaban esperando. Complicidad entredientes. Conmiseración? Despedí a mi banda, despedí al manager, se iban todos a Chile, y me quedé de nuevo sólo. Congreso rugía - supongo - con su habitual digestión diaria y yo para hilar costumbre pedí un taxi hasta mi casa: A dónde señor? A Palermo Vechio..

6 comentarios:

J. R. Bizarro dijo...

Esto es lo que yo buscaba, primo!!! esas andanzas contadas con tanto estilo. imposible desengancharse de tus posts. yo, mientras tanto, sudo una maldita fiebre que me avería la salud. creo que vamos saliendo. besos, abrazos! muak!

erchamocandelas dijo...

pues ya somos dos (aunque lo mío es de garganta..)
No corras la alarma!! Todo está dento de unos límites llevables.
Parece que eres mi único lector**
Te mando un beso.

LaCaro dijo...

Chaamo querido,
seguro que somos algunos más los lectores tímidos...

Te leo y te escucho y te veo por esas avenidas como Oliveira...no dejes tus crónicas de Palermo Vechio..por aqui seguiremos disfrutándote y extrañándote.Muá

oMaR-------> dijo...

Yo también Leo, también.

Rafa dijo...

Me hace muuuuy dichoso el runrun canalla de tus relatos. En mis horas de siesta me imagino chamocandelas olisqueando baires. Cada cual tiene sus ídolos...

One Dragones dijo...

"...disparé contra los ángeles de las esquinas del techo..." de un baño, canalla que nos conocemos...
me encantan tus crónicas taurinas de farra, música, amor y lujuria...
se me cuide de las boludas...